Archivo de 8/07/09|Página de archivo diario
“Twit” significa “tonto”
Mucho se está hablando esta semana de las posibilidades de Twitter como herramienta comunicativa definitiva. Parece que todos esos gurús que anunciaban su eclosión, su próximo imperio, la revolución que iba a suponer, por fin, tienen razón. Aunque no me extrañaría que lo que suceda es que, precisamente, esos supuestos líderes en internet estén intentando empujar esta herramienta para no perder su condición de clardividentes.
Porque lo único cierto es que la revolución de Twitter se está haciendo esperar demasiado y cuando parece que, finalmente, ha llegado, lo ha hecho con muchos claroscuros. Eso sí, lo que no se discute es que el que twitea es el bueno, el que asume y exprime el 2.0, el que sabe dónde hay que estar y que se debe hacer, el que habla de revoluciones y, a la vez, se enorgullece de ser parte de una élite que hace “twits” (el tonto, vamos).
Todo empezó con la cuestión iraní: Twitter se convirtió en el medio que consumían los buenos, los que saben. Muchos se llenaron la boca y ocuparon posts en sus blogs diciendo que habían tenido acceso a una información privilegiada gracias a esta herramienta.
Recuerden, esta es la revolución del elitismo.
No obstante, alguna crítica también cayó ya que los emisores de información, desde Irán, formaban parte también de una élite, y no acababa de quedar claro si los twiteos se hacían desde la calle, en las manifestaciones, o desde otros espacios.
Pero eso daba igual: ¡muerte a los medios convencionales! ¡Viva el periodismo ciudadano!
Y una mierda.
Después de las protestas en Irán, los más asiduos a Twitter y a las revoluciones de tres al cuarto encontraron lo que buscaban: anticiparse al mundo en algo verdaderamente importante… como la muerte de Michael Jackson. Al parecer, la noticia de su fallecimiento se dio antes en Twitter que en los medios convencionales (¡a la guillotina…!), y eso se interpretó como una victoria sobre prensa, radio o televisión.
Lo único cierto es que en la red de redes es mucho más fácil especular, y a nadie le importa poner que un tipo la ha diñado o que no, que le han visto tomando copas en Chueca. A veces se acierta, como con la muerte del cantante… y eso da libertad a los líderes de esta pseudorevolución para señalar el milagro. Hoy se llama Twitter.
No obstante, ahora vamos a trasladarnos a una redacción: comienzan a recibirse informaciones de la muerte, ¿las emitimos? Ovbiamente, no. Un deceso es una cosa muy seria y hay que comprobar que la noticia sea cierta, por favor, un medio profesional no puede exponerse al ridículo de ser quien dijo que Jackson ya no estaba con nosotros y que luego sea falso.
Pero esas minucias en internet dan igual: ¿la has cagado? No pasa nada, dentro de cinco minutos pones un twit sobre otra cosa, y a correr…
Seamos serios.
El paroxismo llegó con Honduras. Los twiteros del mundo se concentraron frente a sus monitores y teclados, esperando recibir noticias sobre la llegada del presidente al país. Las expectativas eran muy altas y parece que las informaciones no muy satisfactorias. Problemas con el ritmo, contradicciones… mucho ruido, en definitiva.
Pero lo peor sucedió a la mañana siguiente cuando, todos estos fans de las revoluciones descubrieron, por medio de la prensa de toda la vida, que mientras ellos averiguaban si habían muerto uno o tres hondureños, en China se habían cargado a 150 uigures y nadie había dicho “ni mu“.
¿Y ahora qué? ¿Twitter vale o no vale? No pasa nada, vamos a insistir, que los gurús del 2.0 no erramos, los que están equivocados son todos los demás, que no son capaces de ver que lo que decimos es verdad absoluta. Y así, se propone a Twitter USA como uno de los 10 motores de cambio de la política mundial.
A mí me parecen chorradas.
Al mismo tiempo, curiosamente, en ETB3 (minoritario y en euskera) se pone en marcha una experiencia bastante contenida: llevar Twitter a televisión. Es decir, usar la herramienta como medio para enviar mensajes al programa: un poco participativo, un poco lúdico, un poco experimental… bastante aprovechable, en definitiva. Y sobre todo, muy realista.
Finalmente, vamos con lo más ridículo de todo: los ciberentusiastas, además de con Twitter, llevan un par de semanas flipando con un clip de vídeo (lo muestro más adelante) que, según ellos, pone de manifiesto todo ese rollo de la colaboración y las ideas en red. Incluso algún gurú, con bastante poca vergüenza, se hace eco y lo muestra como la cibertierra prometida.
¡A tomar por culo todo lo demás, di que sí!
Resulta que el mismo no es otra cosa que un vídeo musical de la banda japonesa Sour. Y aunque muchos hayan querido ver en él espontaneidad y cultura del entendimiento, no pasa de un clip muy bien dirigido y, sobre todo, con una producción profesional. Eso sí, la coreografía es bonita y la idea aprovecha los tiempos que corren, sin duda. Pasen, vean y juzguen: ¿colaboración 2.0 ó negocio al albur de una moda?
Esto es lo que hay, compañeros/as, mucho gilipollas 2.0 con ganas de protagonizar una revolución.
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